Miedosa en Rehabilitación

¡Que feo se siente tener miedo! ¿No?

Mis miedos comienzan por esas llamadas “maripositas” en el estómago y el corazón palpita bien rápido. Puede ser que comience a sudar. Dependiendo de la situación comienzo a pensar y a hablar incoherencias por unos segundos porque no puedo lograr un pensamiento claro. A veces se dificulta respirar. A veces tiemblan o se adormecen las manos. En su momento escala a la ansiedad y se ha convertido en ataques de pánico.

 

El tener miedo me pasó muy a menudo con muchas cosas. Desde esos pequeñitos miedos hasta el famoso “¿qué dirán de mi?”. De acuerdo a la Real Academia Española y su diccionario en línea, el miedo es definido como “angustia por un riesgo o daño real o imaginario”. También tiene la definición de “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. Creo que en muchísimos casos el tener miedo es normal. Quizás hasta saludable. No soy una profesional en el tema pero es una emoción como cualquier otra que en algún momento todo el mundo debe sentir. Recuerdo miedos muy estúpidos. El miedo a correr porque me iba a caer. El miedo a nadar porque me iba a ahogar. El miedo a viajar por que algo malo podía suceder en un país que no conocía. Tuve por mucho tiempo miedo a tener mi propio negocio por el miedo a no tener un trabajo estable por el miedo a no tener un ingreso estable. ¿Ven la línea de ‘posibles’ acontecimientos?

 

Bueno, pues un día – de estos que el destino te pone en el camino por alguna razón que desconoces hasta que te toca mirar hacia atrás y entender el presente – alguien me dijo miedosa. De hecho, esta persona me dejó saber que su relación conmigo se veía afectada porque yo era una miedosa. De primera intención me dio risa porque en realidad no pensé que esto le importara a alguien. ¡Coño es mi vida! ¿Cierto? Después de analizar esto un rato, tiempo de negación – “¡yo no soy una miedosa!” y llorar con aceptación – “wow no debería ser tan miedosa” – entré en el periodo de retarme a mi misma a conquistar ciertas cosas en mi vida que antes las veía como ¡terror!

 

Lo primero que hice fue anotarme en clases de natación. Recuerdo que en esos días estaba enseñando una clase de Comunicación en la noche y le conté a mis estudiantes lo que haría. Tuve que hacerlo porque la clase de natación era a mitad del día y no tenía tiempo para eliminar el olor a cloro completamente antes de llegar. Ellos me celebraban y me preguntaban todos los martes y jueves sobre mi progreso. Creo que el mayor miedo en compartirlo fue el enfrentar que estaba a mitad de mis 30’s y aunque crecí en una islita rodeada de agua, no sabía nadar. Pero bueno, demás está decir que valió la pena. Mis compañeros de la clase de natación estaban entre los 0 – 3 años de edad. Sin embargo, la maestra de natación me dejó saber que fui su alumna más valiente… jajaja. A este punto conozco las técnicas de natación, disfruto hacerlo en un ambiente tranquilo. Aún no he logrado hacerlo en el mar (esos movimientos de las olas todavía me provocan susto del bueno) pero sé que voy a lograrlo algún día…

 

El segundo miedo que reté fue a las alturas. Aunque viajaba y no me daba tanto miedo estar dentro de un avión, cerraba la ventana. No me gustaba ver cuando estaba en alturas más allá de mi estatura. Ni siquiera podía ver videos de eso. Me sentía incómoda y me mareaba. Entonces en ese tiempo abrió el famoso I-Drive 360, en dónde se encuentra el Orlando Eye. Decidí que ese sería mi reto personal. Fui con unos amigos en la semana de apertura a experimentar esa vuelta que llega hasta unos 400 pies de altura. Aunque es seguro y cerrado, esta rodeado por cristal, así que se puede ver la ciudad de Orlando desde todos los puntos en donde estas. Esa primera vez solo me senté en el medio en unos pequeños banquitos que tienen y no me moví. Pero manejé el miedo y me sentí triunfadora. Tanto fue así que he ido en repetidas ocasiones después de esto. Ahora también disfruto el ver a través de la ventana de un avión. Poco a poco me muevo a seguir conquistando este miedo.

 

Ya que estaba hecha toda una líder anti-miedo (¡Sí, ríanse, pero sentía como si me ponían una estrellita en la frente cada vez!) decidí comenzar a correr. Porque no me iba a caer. Y porque si me caía, ¡eso no era nada del otro mundo! Eso fue lo que me metí en mi mente para lograrlo. No me caí. Ahora puedo hacerlo. A eso si le perdí el miedo básicamente al instante. Fue gracioso. En realidad tratando de recordar no podía decir “la última vez que corrí fue…” porque no recordaba haberlo hecho. Quizás en la escuela elemental cuando tenía algunos 8 o 9 años. ¿Cómo pasé las clases de educación física? No sé. Pero ahora puedo correr y no es para salir o para huir… es para ganarme a mi misma.

 

Entonces viajar. Viajar fue para mi un sueño… aunque recuerdo que sólo me interesaba viajar a Barcelona cuando era más joven. También inconscientemente siempre quise ver París (tengo a la Torre Eiffel en muchas partes de mi casa). Lo que pensaba era que quienes viajaban mucho eran unos “atrevidos” (pero así como con una sonrisa de que “me muero por hacer lo mismo”). En mis 20’s nunca hubiese imaginado que mis 30’s me llevarían a viajar. De hecho, viviendo en Orlando desde que tengo 23 años, no fue hasta mis 28 que visité Miami por primera vez (estamos hablando de 4 horas ¡en auto!) y cuando tenía 29 fui con mi hermano a un ‘roadtrip’ hasta Nueva York pasando un tiempo por varios estados de la costa este de los Estados Unidos.

 

Cuando tuve esa oportunidad de viajar por primera vez a España algo dentro de mi cambió. Sí, no niego que tenía miedo… pero era un miedo que me hacía sentir como superheroína. Cuando perdí el equipaje y pasé todo lo demás que viví en ese viaje, pensé “¡sobreviví!” y me lo disfruté (#viajerainvensible – jajaja). La segunda vez – literalmente – fue un impulso de adrenalina. Estaba tan feliz que todo iba bien con mi vida, con mi carrera, las finanzas, acababa de comprar una casa, estaba feliz… Trabajaba en una escuela culinaria y me la pasaba leyendo sobre la cocina española y francesa. Una mañana desperté pensando en lo que haría durante esas vacaciones de invierno. Era la primera vez que tenía la oportunidad de tener tanto tiempo libre. Comencé a buscar en mi teléfono y vi una oferta impresionante para la época navideña. Las fechas eran 21 de diciembre – 1ro de enero. Requería planificación y mucha búsqueda lograr lo que quería pero estaba lista. Compré ese pasaje el 3 de octubre. Emocionada. Un poquito como a lo loco. Viajaría de Orlando a Copenhague, Dinamarca y pasaría un día ahí. Luego llegaría a París a pasar unos días luego pasaría navidad en Barcelona, visitaría los alrededores de la ciudad y regresaría a Paris a despedir el año para el primero de enero en horas de la noche salir y hacer escala en Oslo donde pasaría la noche y luego de vuelta a casa el 2 de enero. Mi viaje se enfocaría en Paris y Barcelona. Estaría pasando un tiempo con mi sueño hecho realidad.. conmigo misma. Podía hacerlo. Todo era lindo. ¿Qué mayor satisfacción que conquistar un miedo y saber que lograrás algo que haz querido por tanto tiempo?

 

Para mi sorpresa ¡TERROR!

Un 13 de noviembre, mientras dos de los seres humanos que más amo en la vida (mi hermano y cuñada) estaban en Europa (en diferentes ciudades) y yo planificaba mi estadía en París… sucedió una de las tragedias más horribles de los últimos tiempos en la ciudad de París. Estaba en mi oficina trabajando. Mi papá me llamó a preguntar si había escuchado sobre mi hermano y le dije que sí, que había hablado con él el día anterior y que le encanta París. Entonces me dijo lo del ataque terrorista. Me habló como por un minuto y lo demás que escuché fue un silencio que me dolía en los oídos. Mi corazón empezó a latir muy rápido. Mis ojos se aguaron. Me quedé parada frente a la computadora y no dije nada. Mi papá seguía hablando y lo único que me salió decir fue que hablaba con él después que iba a llamar a mi hermano y me comunicaría cuando tuviera noticias. Tan pronto se fue de la línea básicamente me caí en mi silla y comencé a llorar descontrolada pero me paré a cerrar la puerta y respiré hondo. Yo era la persona a cargo de toda la escuela en esos momentos. Tenía que mantener la compostura. Además inmediatamente pensé que tengo 2 profesores franceses en los salones de clase por las últimas dos horas y no sé como esto podría afectarles. Comencé a buscar noticias del tema y el caos aún estaba básicamente en proceso. Los ataques habían pasado al menos 2 horas más temprano. Pensé ¿cómo es posible que aún no sepamos nada de ellos? Después de 30 minutos de mucha creatividad – incluyendo el ir sobre las fotos que me envío mi hermano de su estadía en París y el lugar en el que se quedó, buscar esa foto en Airbnb (sabía que era como habían dado con ese lugar), localizar a la anfitriona, enviarle 5 mensajes haciendo una reservación y traducir todos nuestros mensajes – supe que esa misma mañana habían salido hacia Roma.

Respiré hondo. Le agradecí a Dios. La vida continúa. Pero entonces está el constante ruido en los medios de comunicación relacionados con el ataque terrorista. Mis amistades y mis padres tenían su propio terror sobre el asunto de que yo quería pasar tanto tiempo en París. Por unos minutos el miedo ganó. Procedí a cambiar de planes. Sin embargo, no iba a dejar de conocer París por culpa de un miedo. Organicé todo de una manera en la que logré conocer París pero también logré incluir otro destino que anhelaba: Valencia. Ya les he contado anteriormente lo bien que me la pasé allí.

Una vez controlado el miedo de mi estadía en una ciudad de ensueño que había sido marcada por la desgracia… se presentó otro miedo que ya les he compartido anteriormente. El 16 de diciembre me dejan saber que el lugar donde trabajaba cerraría sus puertas. Entonces uno de mis mayores miedos se hacía realidad. Llegaba la inestabilidad a mi vida. Eso pensé. Siempre había luchado tanto para poder tener todo bajo control y esto definitivamente no lo podía controlar. Mi primer pensamiento fue cancelar el viaje reconociendo que quizás era mi mejor opción en un momento en el que debía ahorrar y prepararme para lo que venía. Sin embargo, entendí que deprimirme en la casa llorando por algo que no podría cambiar no haría nada por mi. Sí, lloré. Sí, me preocupé. Sí, sentí miedo. Decidí que eso no me iba a parar. Reorganicé mi presupuesto, organicé mi equipaje… y listo. Lista para la aventura.  

 

Se alteraron mis planes, pero se dio. Le decía a mi mamá que no tenía miedo y ella me contestaba: “¡no es miedo, es precaución!”. Pues bien, fui con precaución pero me disfruté cada segundo. Créanme que en cualquier lugar del mundo puede pasar algo cuando menos lo esperas. Eso fue lo que pensé. Estaba lista para cualquier cosa pero no dejé que interfiriera con mi alegría de visitar tantos lugares hermosos. Todo puede pasar. La vida se encargó de enseñarme esa lección cuando seis meses más tarde sucedió una tragedia similar a 25 minutos de mi casa. Entonces lo que pensé inicialmente tomó más fuerza: LA VIDA ES UNA. Hay que disfrutar cada minuto y no tener miedo de ser feliz y hacer lo que uno ama. Despedir el año solita en París frente a una Torre Eiffel iluminada fue un momento único que jamás olvidaré. Me alegra que no hubo miedo que me quitara de esa oportunidad.

 

 

Tener miedo es normal, pero no enfrentarlos o vivir una vida a medias por culpa de los miedos, no es saludable. Si no sabes enfrentar tus miedos solo o sola, busca ayuda. A veces hasta a eso le tiene uno miedo. Miedo a parecer vulnerable. Hay que romper con eso… y vivir. Disfrutar cada día como si fuera el último. Atrévete. ¡Goza, viaja, vive! ¿Ahora entienden el por qué de las frases de #MiMundoCollection? Las creó esta “miedosa en rehabilitación” para que otros las repitan y se atrevan a tomar el toro por los cuernos.

 
*Presiona las fotos para detalles de cómo adquirirlas

No dejes que nada ni nadie te limite a la vida que quieres tener. Yo con orgullo digo que soy una miedosa en rehabilitación. Los miedos continúan, pero también continúan las ganas de retarlos. Enfréntate esos miedos o a esas limitaciones. Ya verás que no hay nada más rico que mirar hacia atrás y ver lo que haz logrado.

 

Y tú, ¿a qué le tienes miedo? Si pensaste en algo, ya es hora de hacerlo. #vamoaviajar

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